jueves, 6 de agosto de 2009

Requiem para una reclusa (fragmento) - Faulkner ♥

STEVENS
¿Quiere usted decir que cuando se tiene la salvación no se tiene la esperanza?
NANCY
Ni se la necesita. Todo lo que se necesita, todo lo que hay que hacer es simplemente creer. De manera que acaso...
STEVENS
¿Creer en qué?
NANCY
Creer simplemente. De manera que todo lo que hice yo anoche fue solamente sospechar a dónde habían ido ustedes. Pero ahora lo sé y sé lo que el Gran Hombre les dijo. Y está bien. hace mucho tiempo que acabé con todo esto, aquel mismo día en el tribunal. No: antes todavía: aquella noche, en el cuarto de los niños, antes de que levantase mi mano...
TEMPLE
(convulsivamente)
Cállese. Cállese.
NANCY
Está bien. Me callo. Porque está bien. Puedo rebajarme por Jesús también. Puedo rebajarme por Él también.
TEMPLE
¡CálleseCállese! Al menos no blasfeme. Pero ¿quién soy para criticar el lenguaje con que habla usted de Él cuando Él mismo no podría criticarlo, ya que es el único lenguaje que Él dispuso para que usted aprendiera?
NANCY
¿Qué hay de malo en lo que dije? Jesús también es un hombre. Tiene que serlo. Los hombres escuchan por lo que se dice. Las mujeres, no. No les importa lo que se dice. Escuchan por quien lo dice.
TEMPLE
Entonces deje que Él me hable. También yo puedo rebajarme por Él, si eso es lo que Él quiere, demanda, pide. Haré todo lo que Él quiera con solo que Él me diga lo que tengo que hacer. No: cómo lo debo hacer. Yo sé lo que tengo que hacer, lo que debo hacer, lo que tendré que hacer. Pero ¿cómo? Nosotros... creí que todo lo que tenía que hacer era regresar e ir a ver al Gran Hombre para decirle que no había sido usted quien mató a mi nena, sino que lo había hecho yo, cinco años antes, el día en que salí por la puerta trasera de aquel tren, y que eso sería todo. Pero estábamos equivocados. Luego yo... nosotros creímos que todo se reduciría a que viniese yo aquí a decirle que tiene que morir; no solamente para traerle la noticia de que tiene que morir, ; recorrer todo el camino de regreso, dos mil millas desde California, manejando toda la noche hasta Jackson y hablando una o dos horas y de nuevo otra vez en el automóvil hasta aquí para decirle a usted que tiene que morir; no solamente para traerle la noticia de que tiene que morir, pues eso podía hacerlo cualquier mensajero, sino porque tenía que ser yo quien velase toda la noche y hablase por una o dos horas y luego le trajese a usted la noticia. Ve usted: no para salvarla a usted, no se trataba de eso, sino solamente por mí, tan sólo para sufrir y pagar: un poco más de sufrimiento simplemente porque había un poco más de tiempo reservado para un poco más de sufrimiento, y lo mismo podríamos emplearlo ya que estábamos pagando por ello; y esto sería todo, entonces habríamos terminado. Pero nos equivocábamos de nuevo. Eso era todo, pero sólo para usted. Nada peor le hubiese sucedido si yo no hubiese regresado de California. Ni siquiera hubiese sucedido nada peor. Y mañana a estas horas usted ya no será nada. Pero no yo. Pues está el mañana y el mañana y el mañana. Todo lo que usted tiene que hacer es simplemente morir. Pero deje que Él me diga qué es lo que tengo que hacer yo. No, me equivoco: yo sé lo que tengo que hacer, lo que voy a hacer, también yo lo supe aquella noche, en el cuarto de los niños. Pero deje que Él me diga cómo. ¿Cómo? Mañana y mañana, y otra vez mañana. ¿Cómo?
NANCY
Confíe en Él.
TEMPLE
Confiar en Él. Vea lo que ya me ha hecho Él. Que está bien, tal vez lo merezca; al menos no soy yo quien pueda criticarlo o mandarlo. Pero vea lo que Él le ha hecho a usted. Y sin embargo, todavía puede usted decir eso. ¿Por qué¿ ¿Por qué? ¿Es que acaso hay alguna otra cosa?
NANCY
No lo sé. Pero tiene usted que confiar en Él. Acaso ése sea su pago por el sufrimiento.
STEVENS
¿Quién sufre y quién paga? ¿Cada uno por sí mismo?
NANCY
Todos. Todos los dolientes. Todos los pobres hombres pecadores.
STEVENS
La salvación del mundo está en el sufrimiento de los hombres. ¿Es eso lo que quiere usted decir?
NANCY
Sí, señor.
STEVENS
¿Cómo?
NANCY
No lo sé. Tal vez cuando las personas sufren están demasiado ocupadas para hacer el mal. No tienen tiempo para atormentarse y entremeterse entre sí.
TEMPLE
Pero ¿por qué hay que sufrir? Él es omnipotente, al menos eso nos dicen. ¿Por qué no pudo Él inventar otra cosa? O, si es necesario sufrir, ¿por qué no es posible que lo hagamos con nuestro propio sufrimiento? ¿por qué no se pueden redimir los pecados con la propia agonía? ¿por qué tienen que sufrir usted y mi nenita porque hace cinco años decidí yo ir a una partida de bésibol? ¿hay que sufrir la angustia de todos los demás sólo para creer en Dios? ¿qué clase de Dios es éste que tiene que chantajear a sus clientes con el dolor y la ruina del mundo entero?
NANCY
Él no quiere que usted sufra. A Él tampoco le agrada el sufrimiento. Pero Él no puede ayudarse a Sí mismo. Es como un hombre que tiene demasiadas mulas. Repentinamente, una mañana mira en torno y ve más mulas de las que puede contar de una vez, sin hablar de encontrar trabajo para ellas, y todo lo que sabe es que son suyas, pues al menos nadie más las reclama, y que la cerca del potrero las encerraba todavía la noche anterior en donde no podían hacerse daño entre sí ni a nadie, en lo posible. Y que cuando llega la mañana del lunes puede ir allí y encerrar allí a algunas de ellas e incluso agarrar a algunas si tiene cuidado de no volverse de espaldas a las que aún no ha encerrado. Y que, una vez que les ha puesto los aperos, harán su trabajo y lo harán bien, sólo que todavía tiene que tener cuidado de no acercarse mucho a ellas y de no olvidarse que siempre hay una de ellas a sus espaldas, incluso cuando les está dando de comer. Ni siquiera cuando llega de nuevo el mediodía del sábado, y él las trae de nuevo al potrero, cuando hasta una mula sabe que por lo menos tendrá hasta el lunes por la mañana para correr libremente tras sus pecados y placeres de mula.
STEVENS
¿También hay que pecar?
NANCY
Tiene que hacerlo. No puede usted evitarlo. Y Él lo sabe. Pero usted puede sufrir. Y eso también lo sabe él. Él no le dice a usted que no peque, simplemente le pide que no lo haga. Y Él no le dice a usted que sufra. Pero le da la oportunidad. Le da lo mejor de lo que Él cree que es usted capaz de hacer. Y Él lo salvará.
STEVENS
¿También a usted? ¿Una asesina? ¿En el Cielo?
NANCY
Puedo trabajar.
STEVENS
El arpa, la túnica, el canto no pueden ser para Nancy Mannigoe, por ahora al menos. Pero todavía queda el trabajo por hacer... lavar y barrer, acaso también los niños a los que hay que cuidar y alimentar y preservar del dolor y del temporal y sacar de debajo de los pies de la gente.
(hace una pausa momentánea. Nancy no dice nada, inmóvil, , sin mirar a nadie)
¿Acaso hasta esa niña?
(Nancy no se mueve, ni se excita, ni mira aparentemente a nada; su rostro todavía pasmado, inexpresivo)
¿También ella, Nancy? Porque usted quería a esa niña incluso en le momento mismo en que levantó su mano contra ella, sabía que no quedaba por hacer otra cosa que levantar la mano.
(Nancy ni responde ni se conmueve)
Un cielo en que esa niña sólo recuerde la gentileza de sus manos, porque entonces esta tierra sólo será un sueño que no cuenta. ¿No es eso?
TEMPLE
O acaso no esa niña, no la mía, porque habiendo destruido yo misma a la mía cuando me deslicé por la puerta trasera de aquel tren aquel día hace cinco años, necesitaré todo el perdón y el olvido de que es capaz un bebé de seis meses. Sino el otro: el suyo, del que me habló usted: el que había llevado seis meses en su vientre cuando fue al paseo o al baile o jarana o riña o lo que fuera y el hombre la pateó a usted en el vientre y lo perdió. ¿También ese?
STEVENS
(a Nancy)
¿Cómo? ¿El padre la pateó a usted en el vientre cuando estaba embarazada?
NANCY
No lo sé.
STEVENS
¿No sabe quién la pateó?
NANCY
Eso lo sé. Creí que se refería al padre.
STEVENS
¿Quiere decir que el hombre que la pateó no era el padre?
NANCY
No lo sé. Cualquiera de ellos podía serlo.
STEVENS
¿Cualquiera de ellos? ¿No tiene usted idea de quién era el padre?
NANCY
(mira impaciente a Stevens)
Si se sienta usted sobre una sierra, ¿podría decir qué diente lo hirió primero?
(a Temple)
¿Qué pasa con él?
TEMPLE
¿Podría también él, que nunca tuvo padre, que ni siquiera nació, estar allí para perdonarla? ¿Hay un cielo al que pueda ir para perdonarla a usted? ¿Hay un cielo, Nancy?
NANCY
No lo sé. Creo.
TEMPLE
¿Cree en qué?
NANCY
No lo sé. Pero creo.

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